Rubén Cacho /ICAL - Tratamiento del ictus en el Centro Fundación Hospitalarias de Valladolid
VALLADOLID - SANIDAD
Domingo, 25 de Octubre de 2026

El acompañante, primer eslabón para ganar tiempo ante un ictus

María López - La médico rehabilitadora de Fundación Hospitalarias Valladolid, Mercedes García Meléndez, destaca la importancia de reconocer los síntomas y llamar al 112 cuanto antes: "No hay que esperar a ver si se pasa"

Cuando una persona sufre un ictus, los primeros minutos pueden ser decisivos. Y en muchas ocasiones, la primera personas que puede marcar la diferencia no es un sanitario, sino quien está a su lado. Un familiar, un amigo o cualquier testigo capaz de reconocer que algo está ocurriendo y activar rápidamente la asistencia. “No hay que esperar a ver si se pasa. Lo que hay que hacer es llamar al 112”, advierte la médico rehabilitadora de Fundación Hospitalarias Valladolid, Mercedes García Meléndez.

La especialista insiste en que reconocer los síntomas y saber cuándo comenzaron es “fundamental” para que los profesionales sanitarios puedan actuar cuanto antes. “Si tú estás con un familiar y de repente le ves que se le tuerce la boca o empieza a decirte que tiene la visión borrosa o que la mano no le responde, que no es capaz de coger algo o que se le está quedando dormido”, explica, “ante estas situaciones no hay que esperar”. 

La actuación debe ser inmediata. “Lo que hay que haces es llamar al 112 y entonces el 112 hará el traslado al hospital”, señala. Y resume la importancia de ganar tiempo con una frase especialmente clara: “Cuando antes llegue al hospital, mucho mejor para su cerebro”. 

El acompañante gana más importancia cuando puede concretar cuándo se encontraba bien por última vez el paciente. “Si el paciente desgraciadamente está solo y se lo encuentra horas después, no sabemos ni cuándo ha pasado”, explica García Meléndez en la previa del Día Mundial del Ictus, que se celebra el 29 de octubre. En cambio, si existe un testigo que pueda indicar “le he visto hace cuatro horas y hace cuatro horas estaba bien y ahora es que no habla, es que no me entiende lo que le digo o tiene la boca torcida", los profesionales disponen de una información “esencial”. 

Reconocer las señales

Los síntomas pueden variar en función de la zona y la extensión de la lesión cerebral, pero existen determinadas señales que deben hacer saltar todas las alarmas. “Básicamente las señales son visión borrosa, puede tener desviación de la comisura de la boca, una alteración del lenguaje desde que no se pueda expresar a que no te entienda lo que le estás diciendo”, enumera la especialista. 

También puede aparecer una alteración en un miembro superior, “desde que si el brazo se le queda dormido o que no es capaz de manipular o que no tiene fuerza”, explica García. A ello se suman situaciones como que el paciente “no se puede poner de pue, que no puede caminar o que se cae porque el equilibrio está alterado”. 

Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es no esperar a comprobar si desaparecen. “No hay que esperar nada”, insiste. 

Una enfermad imprevisible

La rapidez resulta esencial. pero el ictus no termina cuando el paciente llega al hospital. Después comienza, en muchos casos, un proceso de recuperación y rehabilitación cuya evolución resulta difícil de anticipar. 

“No todos los ictus son iguales, no afectan a las mismas áreas del cerebro, ni tienen la misma extensión y no todos los pacientes tienen la misma sintomatología”, explica la médico rehabilitadora en declaraciones recogidas por Ical. Por eso, considera muy difícil establecer desde el principio cuánto se podrá recuperar una persona. 

“A mí hablar así desde el principio de lo que va a ser me parece muy arriesgado”, reconoce al ser preguntada por la posibilidad de determinar un porcentaje de recuperación. “Los pacientes son cada uno diferente, aunque tengan lo mismo y el ictus sea igual, no todos evolucionan lo mismo”. 

Algunos pacientes consiguen una recuperación muy importante y vuelven a ser funcionales. Otros mantienen secuelas, pero alcanzar un cierto grado de autonomía, mientras que en las lesiones más graves la recuperación puede ser mucho más limitada. 

Además, el proceso no siempre es lineal. “Algunos van derechos y evolucionan rápidamente, otros parece que están evolucionando y de repente tenemos una incidencia. O te hace una infección o vuelve a tener un nuevo episodio. Entonces es imprevisible". explica. 

Aunque los primeros seis meses suelen concentrar una parte importante de la recuperación, la evolución puede continuar después. “Hay pacientes que luego siguen recuperando, no a la velocidad con la que se recuperan en los primeros seis meses, pero, aunque de una forma más lenta, siguen ganando funcionalidad”, apunta. 

Un equipo para recuperar autonomía

Fundación Hospitalarias Valladolid es un centro especializado desde hace años en la atención a personas con daño cerebral adquirido y daño neurológico, referente en la Comunidad. En el proceso de rehabilitación intervienen profesionales de distintas disciplinas que trabajan de manera coordinada. 

El médico rehabilitador realiza las valoraciones y establece los objetivos, mientras que fisioterapia, terapia ocupaciones, logopedia y neuropsicología intervienen en función de las necesidades de cada paciente. “Esto es un trabajo de equipo. Aquí y en todos los sitios es fundamental”, destaca García Meléndez. 

La fisioterapia trabaja principalmente los aspectos motores, el equilibrio y la recuperación de la marcha. Terapia ocupacional busca que el paciente vuelva a ser autónoma y funcional en las actividades de la vida diaria. Logopedia aborda los trastornos del habla, el lenguaje y la deglución, mientras que la neuropsicología interviene sobre las alteraciones cognitivas, como los problemas de atención y memoria. 

Aunque reconoce que “quizás por la que pasan casi todos los pacientes sea la fisio”, recalca que “a efectos y en importancia para luego recuperar la autonomía son todas importantísimas. Ninguna es más importante que otras”. 

Porque el objetivo de la rehabilitación no es únicamente que una persona vuelva a caminar. “El objetivo que se marca aquí el equipo básicamente es que el paciente vuelva a ser lo más autónomo posible”, explica. “No solamente se trata de que el paciente vuelva a caminar, que eso es muy importante, sino que el paciente pueda vestirse, pueda comer solo, pueda hablar con su familia. Es decir, que vuelva a ser autónomo”, añade. 

Secuelas que no siempre se ven 

Una de las dificultades del ictus es que sus consecuencias no siempre son visibles. Un paciente puede recuperar la movilidad, caminar y realizar ciertas actividades por sí mismo y, sin embargo, mantener importantes alteraciones cognitivas. 

“Hay pacientes que desde el punto de vista motor están bien y son capaces de andar y son capaces de comer solos, aunque a veces tienen algunas alteraciones, pero hay pacientes que donde más secuelas tienen es desde el punto de vista cognitivo”, explica. 

De hecho, García Meléndez considera que las alteraciones cognitivas pueden encontrarse entre las secuelas más difíciles de recuperar. “Para mí las más difíciles de recuperar, porque la que más secuela le va a dejar al paciente es la cognitiva”, afirma. 

También pueden persistir problemas de deglución o del lenguaje. “Hay pacientes que tienen disfagias, que son trastornos de la deglución , que no mejoran o alteraciones del lenguaje, que tampoco evolucionan”, reconoce. “Esto es muy complejo”. 

La familia también rehabilita

En este proceso, la familia desempeña un papel fundamental. Su función no consiste únicamente en acompañar emocionalmente al paciente, sino también en aprender a ayudarle sin impedir que recupere progresivamente su autonomía. 

“La familia tiene que colaborar en la recuperación del paciente”, afirma la especialista. Si una persona comienza a recuperar determinadas capacidades y sus familiares “la protegen mucho y no le dejan hacer cosas, pues eso es contraproducente”. Los familiares pueden aprender, por ejemplo, a ayudar al paciente en pasar de la cama a una silla, en la recuperación de la marcha o en otras actividades cotidianas. 

Pero ayudar no significa hacerlo todo por él. “Una vez que empieza a recuperar, le tienes que dar un poco de libertad de que empiece a utilizar esas funciones que va a recuperar”, señala. “Es decir, tú tienes que estar ahí y eres un acompañamiento y es muy bueno emocionalmente para el paciente, pero tampoco le puede ahogar”, resume. 

La implicación del propio paciente también es determinante. “Cuando un paciente pone de su parte, va a recuperarse mucho mejor que aquel que tiene una alteración cognitiva que no le permite colaborar”, apunta. 

Prevenir y, sobre todo, curar

Aunque no todos los ictus pueden prevenirse, existen factores de riesgo sobre los que sí se puede actuar. “Tener unos niveles correctos de tensión arterial, de glucemias, de colesterol, tener una vida activa, evitar el sedentarismo, pues eso influye”, explica García Meléndez. 

También recuerda la importancia de seguir correctamente los tratamiento cuando ya existe un diagnóstico. “Si estás diagnosticado de hipertensión, diabetes o una subida de colesterol, tienes que tomar la medicación, tienes que seguir las pautas que te está dando tu médico”. 

Pero, por encima de todo, ante la aparición de los síntomas, insiste en que la prioridad es actuar. “Yo creo que lo más importante de todo es detectar cuándo está empezando, actuar rápido y luego empezar rápido la rehabilitación. Eso es lo fundamental”, sentencia. 

Y ahí vuelve a aparecer el papel del acompañante. “Si alguien de tu familia empieza y notas que se le tuerce la boca, que habla raro, que no te entiende, que se va a levantar y se cae, pues ahí hay que actuar enseguida”. 

Porque en un ictus, concluye la especialista, “cuanto antes llegue al hospital, mucho mejor”, y, después de la estabilización, “cuanto antes podamos empezar la rehabilitación, pues mucho mejor todavía".