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Lunes, 21 de Septiembre de 2026

El Alzheimer entra en una nueva era con biomarcadores en sangre y tratamientos capaces de modificar su evolución

María López - La neuróloga del HUBU, Sara Ortega, sitúa el retraso diagnóstico entre 3,5 y 4 años y destaca que el futuro pasa por identificar el perfil biológico de cada paciente y combinar terapias

El Alzheimer se encuentra ante un "cambio de paradigma". Así lo considera la neuróloga del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) Sara Ortega, quien destaca los avances registrados en los últimos años en el diagnóstico biológico de la enfermedad y la aparición de tratamientos dirigidos contra el beta-amiloide capaces de modificar su evolución en fases tempranas. Una transformación que, según explica con motivo del Día Mundial del Alzheimer, también está haciendo más accesible la identificación de la enfermedad gracias a los biomarcadores en sangre.

"Hasta hace pocos años, el diagnóstico era fundamentalmente clínico y el tratamiento exclusivamente sintomático", explica Ortega. Ahora, "podemos identificar biológicamente la enfermedad con biomarcadores y disponemos de tratamientos dirigidos contra una de sus patologías fundamentales, el β-amiloide, capaces de modificar su evolución en fases tempranas".

Este cambio desplaza progresivamente el diagnóstico hacia una definición biológica del Alzheimer. "No solamente los síntomas deben ser sugestivos, sino que se debe validar mediante pruebas complementarias adecuadas", explica la especialista, que apunta a los biomarcadores en fluidos y a la neuroimagen funcional como herramientas para confirmar la presencia de los procesos asociados a la enfermedad.

La evolución resulta especialmente relevante porque durante años las pruebas necesarias para alcanzar ese diagnóstico presentaban dificultades de acceso. "La aplicación del rigor diagnóstico podía ser compleja por el carácter invasivo de la punción lumbar y el coste elevado o acceso limitado a otras pruebas como el PET de amiloide", señala.

Frente a ello, los biomarcadores plasmáticos abren una nueva vía. "La aparición de los biomarcadores plasmáticos ha convertido el diagnóstico en un proceso más accesible tanto para profesionales como para pacientes", afirma Ortega.

Una analítica de sangre

Entre los biomarcadores que están despertando mayores expectativas "el que ha demostrado mejores resultados y recientemente ha sido aprobado por la FDA es la determinación de una forma fosforilada de la proteína Tau que aparece elevada en sangre cuando comienzan a formarse las placas de amiloide en el cerebro de los pacientes con Alzheimer", explica la neuróloga.

Para el paciente, el procedimiento puede resultar tan sencillo como una extracción de sangre convencional. "Efectivamente es una analítica de sangre como las que puede hacerse por otros motivos", apunta.

Pero el avance no significa que estas pruebas puedan utilizarse actualmente para analizar de manera indiscriminada a toda la población. "Actualmente no se recomienda como prueba de cribado sino solamente en entornos especializados y con síntomas compatibles", advierte.

Su incorporación puede contribuir a acelerar y precisar el diagnóstico, aunque su efecto sobre las listas de espera, asegura, todavía es difícil de calcular. "En cuanto a la rapidez y precisión en el diagnóstico no hay duda de que los biomarcadores plasmáticos son de una gran ayuda", sostiene Ortega.

Un diagnóstico que todavía llega tarde

Y es precisamente el momento del diagnóstico uno de los principales retos. "La verdad es que desgraciadamente sí" llegan tarde los pacientes a la consulta, reconoce la neuróloga, que sitúa el retraso estimado "entre 3,5 y 4 años", aunque con diferencias en función de la edad y del tipo de síntomas.

Detectar la enfermedad de manera temprana resulta “fundamental” porque existe "una ventana terapéutica estrecha para el acceso a las terapias modificadoras". Pero los beneficios de conocer antes el diagnóstico van más allá del tratamiento farmacológico.

Según Ortega, permite "evitar pruebas médicas innecesarias al paciente", invertir en otros aspectos de su salud que pueden favorecer una evolución más favorable, facilitar "el acceso a terapias no farmacológicas" y ayudar a "la planificación de cuidados y de cuestiones de índole más económica".

En relación a los síntomas, es cierto que el envejecimiento lleva asociado cierto grado de olvidos, pero no todos tienen el mismo significado. "La clave no es sólo olvidar, sino el carácter progresivo de los cambios y su repercusión", explica la neuróloga.

Entre las señales de alerta cita "repetir reiteradamente la misma pregunta", olvidar conversaciones o acontecimientos recientes completos, perderse en lugares conocidos o comenzar a presentar dificultades con cuestiones cotidianas como "las cuentas o la medicación".

También resulta relevante "perder capacidad para seguir instrucciones que antes resultaban sencillas" o que las personas del entorno "perciban un cambio cognitivo progresivo".

Prevenir, aunque no exista una fórmula concreta

La prevención ocupa también un espacio cada vez mayor en la lucha contra el Alzheimer. No existe, sin embargo, una fórmula concreta que permita garantizar que una persona no desarrollará la enfermedad. "No existe una dieta, ejercicio o hábito que asegure que una persona no vaya a desarrollar Alzheimer", subraya Ortega.

La estrategia, añade, debe pasar por cuidar la salud cerebral y vascular a lo largo de toda la vida. "Actividad física regular, no fumar, evitar consumo perjudicial de alcohol, alimentación saludable, mantener actividad cognitiva y social, controlar hipertensión, diabetes, colesterol y peso, tratar los problemas de audición y visión y cuidar el sueño y la salud vascular", son algunas de las recomendaciones.

La especialista incide además en que los porcentajes de prevención deben interpretarse correctamente. Las estimaciones sobre el riesgo modificable hacen referencia a la demencia en su conjunto y a nivel poblacional, "no significa que el 45 por ciento de los casos individuales de Alzheimer sean evitables".

La proteína tau gana protagonismo

El futuro de la investigación pasa por ampliar el foco más allá del beta-amiloide ya que “existen otros procesos que juegan un papel relevante", asegura Ortega.

La investigación trata ahora de desarrollar biomarcadores capaces de reflejar esos distintos mecanismos y determinar su importancia en cada paciente. En el ámbito terapéutico, "se intenta desarrollar anticuerpos más eficaces, formulaciones subcutáneas y moléculas capaces de atravesar mejor la barrera hematoencefálica", con el objetivo de "eliminar amiloide utilizando dosis menores y reduciendo los efectos secundarios".

Pero la proteína tau está adquiriendo un protagonismo creciente. "Cada vez cobra mayor protagonismo tau, porque su extensión cerebral guarda una relación estrecha con la neurodegeneración y el deterioro cognitivo", explica.

La investigación se extiende también a la "neuroinflamación y microglía, metabolismo y función mitocondrial, disfunción vascular, sinapsis, genética, inmunoterapia, terapias celulares, moduladores de secretasas y combinaciones terapéuticas".

El horizonte, según la neuróloga, pasa por abordar el Alzheimer como una enfermedad compleja en la que no todos los pacientes presentan necesariamente los mismos mecanismos biológicos. "El objetivo futuro probablemente será más parecido al tratamiento de otras enfermedades complejas: identificar el perfil biológico del paciente y actuar simultánea o secuencialmente sobre varias patologías", concluye.