SALAMANCA - SANIDAD
Viernes, 10 de Noviembre de 2023

Uno de cada diez pacientes con parada cardíaca vuelve a casa “en buenas condiciones neurológicas”, según un estudio de Mapfre

J.M.A. - El médico de emergencias que ejerce como investigador principal apunta no obstante que, en los primeros eslabones de la cadena de salvamento, los datos del país son “flojos” porque apenas se usan un 4% de los desfibriladores de acceso público

Un estudio impulsado por la Fundación Mapfre arroja que uno de cada diez pacientes que sufre una parada cardíaca en España vuelve a casa “en buenas condiciones neurológicas”, gracias a la coordinación entre los servicios extrahospitalarios y los sanitarios. Así se desprende del documento elaborado por el Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar (Cerpc), que fue presentado hoy en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Salamanca, que albergará, además, desde esta tarde un congreso del mismo ámbito.

El informe, titulado ‘Registro español de parada cardíaca extrahospitalaria 2022’, estuvo coordinado por el investigador principal, Fernando Rosell, médico de emergencias del 061 de La Rioja, quien matizó, en declaraciones recogidas por Ical, que los datos, correspondientes al año 2022 en 16 servicios públicos de emergencias de ámbito autonómico, más los municipales de Madrid y Zaragoza, lo que supone unos 40 millones de habitantes, apuntan que “queda mucho trabajo por hacer”, puesto que, según explicó, en los primeros eslabones de la cadena de asistencia, es decir detectar la parada e iniciar las maniobras inmediatamente, en España son “flojos” porque apenas se usan un cuatro por cierto de los desfibriladores de acceso público.

Según el investigador, “incluso con esta pequeña utilización, que porcentualmente es corta, bastante inferior a la media europea, es un factor pronóstico que, en los casos en los que se ha utilizado, el paciente tiene muchas más probabilidades de salir con buen estado neurológico del hospital”. La principal conclusión del estudio es que estamos en unos niveles de supervivencia “compatibles o muy similares” a la media alta de los países del entorno. Sin embargo, Rosell insistió en que los primeros eslabones que son los que más condicionan. “Nos queda mucha tarea de formación y de acceso público a los desfibriladores, ahí es donde hay que incidir”, reiteró.

En este sentido, el investigador quiso ilustrar la situación poniendo un ejemplo práctico. “Cuando una parada es en un ritmo desfibrilable, es decir, que puede responder a un choque eléctrico, la probabilidad de supervivencia de un paciente o se aproxima al 30 por ciento. Cuando lo encontramos ya en asistolia, que no se puede aplicar a electricidad, la probabilidad de supervivencia es inferior al cuatro por ciento. En estas circunstancias, el masaje cardíaco que hace un testigo permite que ese ritmo eléctrico susceptible de ser revertido con una descarga se mantenga más tiempo y que lleguen los servicios de emergencia o que otro ciudadano acceda con un desfibrilador y lo salve”, resumió.

La formación es uno de los elementos “clave” en cualquier estrategia de abordaje a la parada cardíaca. Un ciudadano corriente puede aprender en apenas cuatro horas. “Uno de los elementos clave que se meta en los programas de formación de la escuela, ya que la pueden dar los mismos profesores, que a su vez reciben formación normalmente de voluntarios, de sanitarios y esa cadena se perpetúa. A pesar de introducir sofisticados sistemas hospitalarios una vez el paciente llega, según estudios, lo que dio un salto importante en la supervivencia en países europeos que han mejorado mucho, fue la introducción en la escuela”, reafirmó-

Existe otro factor, según el investigador, que tiene mucha importancia con los escolares y es que “además, les enseñas un poco de implicación social, les enseñas que si hay una persona caída, tú puedes intentar ayudarla”. Según prosiguió, “esa conciencia de que cualquier ciudadano puede colaborar a salvar a otro es algo que se va perpetuando en el sistema de educación”. Por el momento, hay experiencias piloto en algunas comunidades autónomas.

Por otro lado, Francisco Rosell apuntó a la necesidad de “perder el miedo” a usar el desfibrilador, ya que es algo “absolutamente sencillo”. “No tiene más que abrirlo y te dice lo que tienes que hacer. Tiene ya un software absolutamente testado y, si es necesario, te dirá que aprietes el botón y si no, no te lo dirá, lo que significa que nunca le vas a hacer daño al paciente. Lo único que puedes hacer es salvarle la vida”, concluyó.