JL Leal /ICAL - Luis Miguel Fidalgo, coordinador de la asociación de pacientes con EPOC en Castilla y León
VALLADOLID - SANIDAD
Sábado, 25 de Julio de 2026

El verano pone a prueba a los pacientes con EPOC en Castilla y León

S. Calleja - El calor, la calima y la contaminación aumentan el riesgo de descompensaciones en una enfermedad que Sanidad quiere priorizar, mientras el colectivo reclama diagnóstico precoz y más especialistas

Para Luis Miguel Fidalgo, el verano dejó de ser hace tiempo una época para descansar. Ahora es la estación del año en la que más pendiente tiene que estar de algo que la mayoría de las personas hacen sin pensar, de respirar. Antes de salir de casa, los pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) miran la previsión del tiempo; evitan caminar durante las horas centrales del día, buscan siempre la sombra y procuran permanecer en lugares frescos. Cuando los informativos anuncian una nueva ola de calor, como la que se ha vivido estos días, no miran a la piscina, temen la la posibilidad de sufrir una agudización y acabar ingresados en un hospital.

"Lo primero que pienso es que tengo que cuidarme lo máximo posible para no tener otra agudización y acabar ingresando", resume Fidalgo que lleva once años conviviendo con EPOC, una patología progresiva que dificulta la entrada y salida del aire de los pulmones y limita poco a poco la capacidad para realizar actividades tan cotidianas como subir unas escaleras, pasear o cargar una bolsa de la compra. En su caso, el diagnóstico llegó en 2014, después de perder cerca de 20 kilos sin una explicación aparente, y tras una largo camino de análisis y pruebas de la mano de su médica de Familia.

La enfermedad cambió su vida de arriba abajo. Tuvo que cerrar el bar que regentaba porque ya no podía mantener el ritmo de trabajo. Más tarde encontró empleo en una fábrica, pero tampoco pudo continuar cuando la EPOC siguió avanzando. Hoy trabaja como ordenanza en una residencia de mayores gracias a una plaza para personas con discapacidad, aunque reconoce que la enfermedad continúa condicionando todas sus decisiones. "Estamos de vacaciones y no sé si voy a poder bajar a la playa, si me costará mucho o poco, si encontraré un sitio cerca o lejos. La vida me ha cambiado en todo", comenta a Ical quien también es coordinador de la Asociación de Pacientes con EPOC (APEPOC) en Castilla y León.

Luis Miguel es uno de los cerca de 85.000 castellanos y leoneses diagnosticados de EPOC. Sin embargo, advierte de que la cifra real es mucho mayor porque entre un 60 y un 70 por ciento de las personas que padecen la enfermedad todavía no lo sabe. Para quienes conviven con esta patología, el calor es solo una parte del problema.

"La gente piensa en las altas temperaturas, pero a nosotros también nos afecta muchísimo la calima, el humo de los incendios o la contaminación", añade, para recordar el verano pasado, cuando permaneció nueve días hospitalizado durante los incendios registrados en la Sierra de la Culebra. Aunque se encontraba a más de 100 kilómetros del fuego, el humo fue suficiente para agravar su situación clínica, advierte.

Cambio climático

Su experiencia pone rostro a una preocupación creciente entre los neumólogos, la del cambio climático, que está multiplicando la frecuencia y la intensidad de las olas de calor y, con ellas, el riesgo para quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas. La evidencia científica demuestra que durante estos episodios aumentan alrededor de un ocho por ciento las hospitalizaciones por agudizaciones de la EPOC.

La cifra preocupa especialmente porque las previsiones apuntan a que estos fenómenos serán cada vez más frecuentes. "El calor supone un estrés añadido para el aparato respiratorio", precisa a Ical el presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), Bernardino Alcázar Navarrete.

El especialista señala que las personas con EPOC disponen de una reserva pulmonar limitada. Cuando el organismo necesita disipar el exceso de calor aumenta la frecuencia respiratoria y obliga a realizar un esfuerzo adicional a unos pulmones ya deteriorados. Si a ese sobreesfuerzo se suman la contaminación atmosférica, el ozono y las partículas en suspensión procedentes de la calima, la inflamación de las vías respiratorias aumenta y las posibilidades de sufrir una descompensación se multiplican.

El ozono troposférico constituye uno de los principales enemigos durante el verano. Se forma por la acción de la radiación solar sobre determinados contaminantes y alcanza sus mayores concentraciones precisamente durante los episodios de altas temperaturas. A ello se añaden las partículas minerales transportadas desde el norte de África y el humo de los incendios forestales, capaces de penetrar en el árbol respiratorio y empeorar la función pulmonar. "Todo ese conjunto de factores tiene un efecto acumulativo sobre el paciente con EPOC", resume Alcázar, quien insiste en que estas personas deberían consultar la calidad del aire con la misma frecuencia con la que revisan la previsión meteorológica.

Recomendaciones

Las recomendaciones durante el verano van mucho más allá de permanecer en casa. Los especialistas aconsejan evitar la exposición al calor durante las horas centrales del día, mantenerse correctamente hidratado, reducir los esfuerzos físicos al aire libre, utilizar adecuadamente los inhaladores y consultar cuanto antes ante cualquier empeoramiento de la tos, el aumento de la dificultad respiratoria o cambios en el esputo. "No hay que esperar a que los síntomas sean graves", insiste el presidente de SEPAR.

La EPOC sigue siendo una enfermedad crónica y progresiva, pero su tratamiento ha cambiado de forma notable durante la última década. Los nuevos inhaladores permiten controlar mejor los síntomas y reducir las agudizaciones y, para determinados perfiles de pacientes, ya existen terapias biológicas que abren una nueva vía para personalizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida. El verdadero reto, subraya el experto, es llegar antes al diagnóstico, cuando todavía existe margen para ralentizar la evolución de la enfermedad.

Enfermedad silenciosa

La EPOC es una enfermedad infradiagnosticada. Muchos fumadores o exfumadores consideran normal levantarse con tos o fatigarse al subir unas escaleras y retrasan durante años la consulta médica. Cuando finalmente reciben el diagnóstico, buena parte de la función pulmonar ya se ha perdido y ese daño es irreversible. Luis Miguel lo vivió en primera persona. "A mí nadie me explicó que era una enfermedad para toda la vida, que tenía que cuidarme, hacer ejercicio, cambiar la alimentación o utilizar correctamente los inhaladores". Durante el primer año perdió cerca del 30 por ciento de su capacidad pulmonar. "Pasé de tener un 76 por ciento a un 45", recuerda.

La falta de un diagnóstico precoz es, precisamente, una de las principales preocupaciones de APEPOC. Fidalgo insiste en que el problema no es únicamente sanitario, sino también de conocimiento. "La EPOC es una de las enfermedades más silenciosas y más desconocidas que existen. Mucha gente cree que toser por las mañanas o cansarse al subir unas escaleras es normal porque fuma o porque se hace mayor, cuando puede ser el primer síntoma de una enfermedad que, detectada a tiempo, puede controlarse mucho mejor".

Por eso, pacientes y especialistas coinciden en señalar la espirometría como la herramienta clave para combatir el infradiagnóstico. Se trata de una prueba sencilla, rápida y no invasiva que mide la capacidad pulmonar y permite detectar la enfermedad en fases iniciales. "Si una persona fuma o ha fumado y empieza a fatigarse al subir unas escaleras o mantiene una tos persistente, debería acudir a su centro de salud y pedir que le hagan una espirometría o que la deriven a Neumología", recomienda Fidalgo.

Diagnóstico precoz

Ese diagnóstico precoz es uno de los retos que la Consejería de Sanidad quiere abordar durante esta legislatura. Entre los nuevos procesos asistenciales integrados previstos figura la EPOC, junto a otras patologías de alta prevalencia como la insuficiencia cardiaca, el sobrepeso y la obesidad. El objetivo es mejorar la coordinación entre Atención Primaria y los hospitales, homogeneizar la atención y garantizar un seguimiento más estrecho de unos pacientes que, en muchos casos, presentan además otras enfermedades crónicas propias del envejecimiento.

La iniciativa es bien recibida por las asociaciones de pacientes, aunque advierten de que cualquier mejora organizativa deberá ir acompañada de más recursos humanos. "Pueden hacer todos los protocolos que quieran, pero si no hay neumólogos no hacemos nada", resume el coordinador de APECOP.

Como ejemplo pone la situación vivida el pasado verano en Zamora, donde la falta de especialistas obligó a retrasar consultas y pruebas diagnósticas. Él mismo esperaba una revisión en julio que no llegará hasta meses después. "A mí me tenían que haber visto en julio y sé que será ya en septiembre, octubre o noviembre", lamenta.

A su juicio, la disponibilidad de recursos sigue siendo desigual entre provincias y todavía existen dificultades para acceder a programas de rehabilitación respiratoria, una intervención que los neumólogos consideran fundamental porque combina entrenamiento físico, educación sanitaria y técnicas respiratorias capaces de mejorar la capacidad funcional y reducir las agudizaciones. Sin embargo, muchos pacientes llegan a ella tarde o, sencillamente, nunca lo hacen.

Bernardino Alcázar coincide en que el tratamiento de la EPOC no puede limitarse a la medicación. Abandonar el tabaco, realizar ejercicio adaptado, mantener un buen estado nutricional, vacunarse frente a las infecciones respiratorias y reconocer precozmente los síntomas de una agudización forman parte del tratamiento tanto como los inhaladores. "Cada vez conocemos mejor la enfermedad y disponemos de más herramientas para personalizar el tratamiento, pero el éxito depende también de que el paciente participe activamente en el control de su enfermedad", subraya.

En ese aprendizaje, las asociaciones de pacientes desempeñan un papel cada vez más importante. Luis Miguel reconoce que buena parte de lo que hoy sabe sobre la enfermedad lo descubrió gracias a APEPOC y al intercambio de experiencias con otros afectados. Ahora dedica buena parte de su tiempo a evitar que otros recorran el mismo camino.

Anima a hacer ejercicio dentro de las posibilidades de cada persona y recuerda la importancia de acudir al médico ante los primeros síntomas. "Si alguien se cansa al subir unas escaleras o lleva meses con tos y piensa que es normal porque fuma o porque se hace mayor, que vaya al médico. Una simple espirometría puede decir si tiene EPOC. Y, si la tiene, cuanto antes empiece a cuidarse y a seguir el tratamiento, mejor”.